Dijo mi abuela, "no hay que revolcar el agua porque luego se la tiene uno que tragar", salvado el ex-abrupto de la violencia intrínseca de la frase, entiendo que debe decir con menor sutileza algo así como, "no digas de esta agua no he de beber porque más pronto cae un hablador que un cojo", lo anterior porque he hablado demasiado a propósito de los para siempre, y contenido, hube de dejar de conjugar en perpetuidad los verbos amorosos.
No me lo creo que tengo ganas de hacerlo de nuevo, -no ganas así como el deseo, iterativas y a veces exhaustivas- ganas como que me sorprendo en el acucioso devaneo en el huso de las horas, me sorprendo ciñendo al aire para fijar para siempre los pájaros de tus besos por mi casa, así y con mi dedo mojado por la saliva estoy dispuesto a abrir en el aire cansado de mi vida sola, ventanas para que entres a vivir en mí como un supuesto real y perpetuo.
¿Cómo ves Chula?
1 comentario:
Me late, no tienes idea de cuánto me late. Muuuuuua.
Publicar un comentario