Amo los días nuevos en que hago algo que se sale de mi rutina, aparentemente hoy iré a una boda, Recordé a Xavier y los gorros de boda, y me sentí profundamente "colero". Desde tal instante, he traído una sonrisa maligna en la cara, mezcla de furtivo misterio y clandestino descaro, una cosa verdaderamente arutinaria. (Nótese la lejanía de la intuición de aquellos sentimientos que originan estas manifestaciones sociales tan queridas y admiradas y temidas)
Hacer esto eventualmente puede ser rutinario, tengo tema para mi nuevo libro: Hermenéutica de la rutina.
Si tuvieras que ponerle nombre a tu interpretación de los días ¿cómo titularías el libro en que la registrarías?
Cuando tengas suficientes títulos, ¿habrás logrado una rutina?
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