Asombra la luz en su claridad ambigua, pero más lo hace la sombra.
Mi sombra, que por cierto se me escapa en el oído taladrado de otra sombra, es una apremiante ansia de oro y corren los perros de la rabia contra el foco de la idea.
¡Mira que palabras de sombra escupo, cuando me ocupa tu sombra!