viernes, 27 de mayo de 2011

Instantáneas

Con el Alma en Oklahoma
Hay el octubre y su Luna roja,
hay la incertidumbre toda,
hay los martes de limpiar las ventanas de mi salón de quinto de primaria,
hay la tarde en que naciera Salvador Elizondo o Jonás Muserali,
hay la familia querida y los brazos cansados de abrazar,
hay las mujeres curare,
hay el presente perpetuo que no he visto con detenimiento,
la luz de la reflexión,
hay el frío y el resguardo,
los besos furtivos, robados,
hay el tiempo que todo lo cuaja,
y hay Infierno,
hay la mancha sutil de las termitas del corazón,
hay los escarabajos que inventaron el tiempo,
las pedas en Skype,
la angustia que se arredra con alcohol,
hay los amigos grandes, los que te enterrarían
en licor,
hay la lluvia y el Universo,
y beso y el sexo que dieron lugar a los seres que has amado,
hay el silencio, la libertad,
y hay también el olvido y el volver a empezar.



hay la tertulia perpetua de la memoria,

sábado, 26 de junio de 2010

Sabrosos encuentros

La noche de ayer la pasamos muy bien. Abelina y Pepo se reconocieron mágicamente como en los espejos o como en las vitrinas de las tiendas de departamentos.
Una charla inconsistente, gozosa, muy emotiva y disfrutable, se aderezó con la presencia a veces infantil y torpe -falsamente torpe- increíblemente lúcida de la poeta, de la poesía de la poeta que nos introdujo Belinda: Carilda Oliver Labra y roló un librito que debe valer una fortuna -pero que cuesta menos de lo que vale- y sucedió lo que hace mucho no sucedía, uno de sus poemas me hizo llorar, aunque debiera decir me izo llorar, por el motivo del poema, por la fragancia de la palabra justa y el sustantivo perfecto. Hoy no recuerdo el poema, pero la sensación eléctrica -aquella sensación de Huidobro- arde como el olvido que es, he buscado algunos poemas para ver si lo encuentro y he encontrado otro olvido:

PARA EL NOVIO
Eres joven. Recuerdas, a ratos, cuando llueve,
la tristeza sin ruido de un crepúsculo breve.
Te sale la sonrisa de algún jasmín abierto.
Parecerás hermoso después de que hayas muerto.
A veces por la tarde mirando tu retrato
te quiero como a un libro, te quiero como a un gato.
Haces la primavera debajo de la espuma.
Tienes el alma fácil. Se te olvida la pluma.
Me regalaste ayer un pomo y dos bombones.
Ya el cielo no es de Dios: lo quitas y lo pones.
Vienes de una esperanza, de un árbol que se apoya.
Y te gustan los lápices, la leche, la cebolla...
Mi espejo, mi mañana, mi muchacho con nubes:
estás aquí hasta siempre; desde la tierra subes.
Te quiero. Son las seis. Te querré todavía.
me tomarás la mano subiendo en el tranvía.
Iremos noche a noche solos por la Calzada:
tú con zapatos sucios, yo con la blusa usada.
Y cuando pasen años y allá en la Biblioteca
se me arrepienta el cutis como a cualquier muñeca
que daba viajecitos absurdos al Juzgado
y que tenía un sueño azul recién pintado;
ah, sí... cuando ya no use siquiera cinturón,
y te duela la frente o te duela el riñón:
tú serás abogado con muy pocos asuntos
y yo la misma novia hasta morirnos juntos.


Pienso entonces que el poema no es para mí, es para Abelina, porque la emoción y el gozo de los días juntos se parecen tanto al motivo lírico de la composición, que yo soy novia y novio y ella es un nosotros cotidiano y eterno.

sábado, 20 de marzo de 2010

Fabulando

En los trazos rígidos que la noche dibuja escribo con tipografía dubitativa,
si el pasado se ejerce en la memoria ¿dónde ejecutamos el futuro?
Si la mano se cierne sobre el frío, y la tarde acude a la caricia,
como un perro, como un gato en libertad perpetua,
¿no será nuestra angustia una paciencia que hemos decidido leve, ausente?

En los ojos sangrantes y en la lluvia, gobierna la misma metáfora:
urde el tren del tiempo los presentes, que cuánticos no se han de dominar de un espadazo.

Alzo la voz y me descalzo y mi reverencia se rinde ante el gobierno sutil
de ella que duerme. Nunca fue más fácil amar a una mujer, porque no tuve que descender a ningún infierno,
antes pronto y constante no paro de subir, de esforzarme por andar entre las piedras,
descalzo pero henchido, de la roja verdad de la vehemencia.

viernes, 12 de marzo de 2010

Tiempo = Dios

Sobre las cosas de la realidad, con frecuencia habitual pensamos que fueron creadas por una fuerza extraordinaria que llamamos naturaleza y nos parece que el curso temporal explica nebulosamente la presencia de las cosas con un pasado que a su vez tuvo un pasado y así hasta el principio. Con los seres no. No podemos pensar que estemos en el orden de las cosas, por eso nos empeñamos en diferenciarnos del mundo como cosa hacia un nuevo estadio, como seres, cuyo creador no es la fuerza de la naturaleza sino la divinidad.
A las cosa les pasa el tiempo, pero no las mata. A los seres nos pasa el tiempo y nos desbarata. La fórmula es Tiempo= Dios.

Esta torpe y dubitativa parafrásis surgió de algunos textos de Darwin que recién he leído y que caprichosamente he querido emparentar con mi otra lectura en turno, de Einstein, sus trabajos más conocidos sobre relatividad -sin la engorrosa parte matemática y física por supuesto, que rebasan mi ingenuidad (una manera bonita de nombrar la ignorancia sabida) con descaro- y ha surgido lo que quiero ver como un argumento:

En la calle del pueblo donde nací hay una manera en que cae la luz que recuerda un tiempo en que los hombres no estaban aquí, ¿qué hace una casa recibiendo el sol de frente y de perfil, de pie, allí, para los hombres que no hemos nacido?
Allí mismo, las noches son mantos extraños que nada protegen, que ya no son labios, ni respiraciones de hombres dentro de una casa donde los hombres nacen, porque no han nacido. Todavía.
En este viaje de la memoria hacia el pueblo de mi origen, mi presente se fuga en infinitas líneas hacia el pasado y hacia el futuro y estoy seguro que todo lo invento, que no lo he vivido, porque en el pueblo en que nací, todavía no he nacido.

viernes, 9 de octubre de 2009

Frente a la estupidez del mundo, Poesía

(Fragmento)

Amiga a la que amo: no envejezcas...
Amiga a la que amo: no envejezcas.Que se detenga el tiempo sin tocarte;que no te quite el mantode la perfecta juventud. Inmóviljunto a tu cuerpo de muchacha dulcequede, al hallarte, el tiempo.
Si tu hermosura ha sidola llave del amor, si tu hermosuracon el amor me ha dadola certidumbre de la dicha,la compañía sin dolor, el vuelo,guárdate hermosa, joven siempre.
No quiero ni pensar lo que tendríade soledad mi corazón necesitado,si la vejez dañina, prejuiciosacargara en ti la mano,y mordiera tu piel, desvencijaratus dientes, y la músicaque mueves, al moverte, deshiciera.Guárdame siempre en la deliciade tus dientes parejos, de tus ojos,de tus olores buenos,de tus brazos que me enseñascuando a solas conmigo te has quedadodesnuda toda, en sombras,sin más luz que la tuya,porque tu cuerpo alumbra cuando amas,más tierna tú que las pequeñas florescon que te adorno a veces.
Guárdame en la alegría de mirarte ir y venir en ritmo, caminandoy, al caminar, meciéndotecomo si regresaras de la llave del aguallevando un cántaro en el hombro.

Rubén Bonifaz Nuño

martes, 15 de septiembre de 2009

Poetas Imaginarios

Leyendo la poesía de Jonás Muserali, encontré una idea cuando recién cortaba las amarras del sueño, la majé con frución y finalmente salió una paráfrasis qué interpreto en G menor a dos trompetas en una boca.
Entiendo que la idea no es lo esencial del poema, pero es la idea la que sugiere su progresión fonética y musical. Entiendo por igual que la idea es de otro y que como tal extiendo el poema como uno heterónimo de mi propio poema. Será mañana canción, bolero que arrancara sonoras olas al mar de los profetas.
Ojalá.


He fatigado el incansable corcel del olvido,
y mientras fenece
corto las amarras del sueño.

No hace nada natural
el ciervo que se aflige
por la jara
que se astilla en su cadera.
¿Puede un corazón amoratar la espina
con su gris de liciérnaga?

Ruedas Viento y te despeinas pendenciero.

No es éste un cuento de coraje en que un hombre del Sur
insultara mi chambergo
es sólo esta historia ridícula en que se me muere extenuado
el infatigable caballo del recuerdo.

martes, 25 de agosto de 2009

"Yo no creo que haya nahuales" dijo don Filogonio

Esta entrada corresponde -secretamente- a una escrita en la lejanía virtual.

Los hombres estimamos ser breves cuando no somos poetas, pero hay en la brevedad de este soneto, más de mi apreciación de la extraordinaria mujer que amo y con quien vivo (dicha inimaginable por algún tiempo), y más de mi rutina con ella que brevedad en sí. Confirma esta apreciación que en el poema hay lo que el lector deposita y agradece al autor.

Si a vuestra voluntad yo soy de cera,
y por sol tengo sólo vuestra vista,
la cual a quien no inflama o no conquista
con su mirar, es de sentido fuera;

¿de do viene una cosa, que, si fuera
menos veces de mí probada y vista,
según parece que a razón resista,
a mi sentido mismo no creyera?

Y es que yo soy de lejos inflamado
de vuestra ardiente vista y encendido
tanto, que en vida me sostengo apenas;

mas si de cerca soy acometido
de vuestros ojos, luego siento helado
cuajárseme la sangre por las venas.