jueves, 30 de octubre de 2008

A propósito de la vida.

La vida no es tan seria y sin embargo, nos mira a veces con la severidad del desconocido que no sabe que la ignoramos y entonces nos avergüenza. Nos planta la cara rígida de la madre que regaña al tiempo que nos tiende la mano para cruzar el día.
No es seria la vida y sin embargo sus golpes juguetones nos abren una llaga púrpura y eterna, dulce mientras dura la llama.
No, la vida no es seria, ni triste, ni loca ni esclava, es fiera bestia alada que de sus labios derrama, la gota de saliva que se nos mete en el alma.
¡Y qué gota más hermosa la que cabe en la llaga,
dulcísima gota infernal de los dormidos soñada!

viernes, 24 de octubre de 2008

Sospechosismo

Me producen una duda olímpica los que me dicen: "no gracias", cuando uno les invita un trago o a compartir de las delicias del cuerpo, o cualquier cosa que sabemos que nos va a mostrar tal cual sin la fabulosa y estúpida máscara que ya nos pintarrajeó en la soledad laberíntica nuestro querido Octavio.

¡Temen perder el control, como si lo tuvieran!

¿Para qué sirve el control? El control como la sabiduría sirven sólo para una cosa (tautológica por cierto): para controlarte y para saber, es decir, en cuanto entramos en crisis, tanto el control como la inteligente cara que le plantamos al mundo se nos caen de las manos como dicen que descendió de los cielos el alado Lucifer.

La duda olímpica del primer párrafo (lícita por lo demás) se troca en miedo cuando ellos me demuestran con pruebas fehacientes que sus maneras son exitosas.... huuuuy (es miedo auténtico)

La duda convertida en miedo se convierte a su vez en confusión, como la tierra vuelta mar que desecado se llena de aire para luego congelarse.

jueves, 23 de octubre de 2008

La ira del tiempo y su poesía

La memoria no existe, existen las ganas de recordar pero no la memoria.

El recuerdo es un evento inadvertido, involuntario, absolutamente inexacto e inventado con base en ciertos rasgos objetivos que tenemos la "certeza de haber vivido" pero que somos incapaces de recrear.

Proclamo la muerte de la memoria. La muerte porque hay sucesos que son irrecuperables, mentiras más o menos objetivas.

Pero esta ley de mi federación de enanos subversivos y asilenciados que hoy redacto, no aplica para la poesía. La poesía en su condición oracular -directa e inversa-, permite la memoria descarada, la memoria que sin ganar objetividad -más al contrario- gana objetividad en su subjetividad.

¿De qué estoy hablando?

Estoy hablando de la sobrememoria en que la poesía nos coloca, hablo de la HD de la memoria, no sólo por la nitidez pictórica sino también por el sonido perfecto y no sólo ello, sino la singular condición de cifrar identidad en un verso desconocido, la explicación del mundo a partir de un recuerdo leído, explicación absolutamente referencial y onírica, contradictoria (aunque estoy tentado a escribir contradictórica).

Amo más los amaneceres de palabras que los reales. Los de palabras son más cómodos, acomodaticios, puesto que se dejan ver a las horas requeridas y no cuando se le hincha a la apestosa naturaleza.

Lo natural es un mal plan del mundo. Tal es la condición de la memoria.

Lo inmediatamente anterior de los amaneceres, no aplica con las mujeres, porque las mujeres son poesía y así sucesivamente.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Oniria del aire en mis dientes de ti...

(Poema que antes se llamó: "Marcha de Zacatecas en una revolución en que no viví, mientras el ronquido azul me despierta". Comprendí que es demasiado largo y explicativo así que creo que mejora mi conciencia de escritor -no sé si lo digo irónicamente-)

En el aire se encuentra el nombre del Sueño,
un Sueño que se sueña en constante desvelo,
es un sueño de ti, de tu muerte en mi olvido
que habitas cubiertas las manos de cadáveres pequeñísimos
en que nace la luz.

Dios Alcohol que ardes en mi boca y, al tiempo y
a una misma voz, construyes y consumes las palabras
de los días...
Que me cubra la cumbia con su deseo de mar,
que se agite dentro de este sueño de marcha marcial
el vaivén silencioso de la adelita que todos llevamos dentro.

Mira lo que digo con la boca llena de este fuego sin atemperar,
con la boca llena de un silencio que antes de estar aquí,
hubo de estar allá.

Los enanos físicos no atinan a explicar,
con su ciencia y su velocidad,
cómo es que tu silencio de éter
me vino a desmayar.

Me levanto con las manos llenas de mi boca,
y una hora después y desayuno,
y siento,
todavía
prolongada,
la memoria, en falsa nostalgia
y en auténtico sueño del olvido.