La noche de ayer la pasamos muy bien. Abelina y Pepo se reconocieron mágicamente como en los espejos o como en las vitrinas de las tiendas de departamentos.
Una charla inconsistente, gozosa, muy emotiva y disfrutable, se aderezó con la presencia a veces infantil y torpe -falsamente torpe- increíblemente lúcida de la poeta, de la poesía de la poeta que nos introdujo Belinda: Carilda Oliver Labra y roló un librito que debe valer una fortuna -pero que cuesta menos de lo que vale- y sucedió lo que hace mucho no sucedía, uno de sus poemas me hizo llorar, aunque debiera decir me izo llorar, por el motivo del poema, por la fragancia de la palabra justa y el sustantivo perfecto. Hoy no recuerdo el poema, pero la sensación eléctrica -aquella sensación de Huidobro- arde como el olvido que es, he buscado algunos poemas para ver si lo encuentro y he encontrado otro olvido:
PARA EL NOVIO
Eres joven. Recuerdas, a ratos, cuando llueve,
la tristeza sin ruido de un crepúsculo breve.
Te sale la sonrisa de algún jasmín abierto.
Parecerás hermoso después de que hayas muerto.
A veces por la tarde mirando tu retrato
te quiero como a un libro, te quiero como a un gato.
Haces la primavera debajo de la espuma.
Tienes el alma fácil. Se te olvida la pluma.
Me regalaste ayer un pomo y dos bombones.
Ya el cielo no es de Dios: lo quitas y lo pones.
Vienes de una esperanza, de un árbol que se apoya.
Y te gustan los lápices, la leche, la cebolla...
Mi espejo, mi mañana, mi muchacho con nubes:
estás aquí hasta siempre; desde la tierra subes.
Te quiero. Son las seis. Te querré todavía.
me tomarás la mano subiendo en el tranvía.
Iremos noche a noche solos por la Calzada:
tú con zapatos sucios, yo con la blusa usada.
Y cuando pasen años y allá en la Biblioteca
se me arrepienta el cutis como a cualquier muñeca
que daba viajecitos absurdos al Juzgado
y que tenía un sueño azul recién pintado;
ah, sí... cuando ya no use siquiera cinturón,
y te duela la frente o te duela el riñón:
tú serás abogado con muy pocos asuntos
y yo la misma novia hasta morirnos juntos.
Pienso entonces que el poema no es para mí, es para Abelina, porque la emoción y el gozo de los días juntos se parecen tanto al motivo lírico de la composición, que yo soy novia y novio y ella es un nosotros cotidiano y eterno.