La memoria no existe, existen las ganas de recordar pero no la memoria.
El recuerdo es un evento inadvertido, involuntario, absolutamente inexacto e inventado con base en ciertos rasgos objetivos que tenemos la "certeza de haber vivido" pero que somos incapaces de recrear.
Proclamo la muerte de la memoria. La muerte porque hay sucesos que son irrecuperables, mentiras más o menos objetivas.
Pero esta ley de mi federación de enanos subversivos y asilenciados que hoy redacto, no aplica para la poesía. La poesía en su condición oracular -directa e inversa-, permite la memoria descarada, la memoria que sin ganar objetividad -más al contrario- gana objetividad en su subjetividad.
¿De qué estoy hablando?
Estoy hablando de la sobrememoria en que la poesía nos coloca, hablo de la HD de la memoria, no sólo por la nitidez pictórica sino también por el sonido perfecto y no sólo ello, sino la singular condición de cifrar identidad en un verso desconocido, la explicación del mundo a partir de un recuerdo leído, explicación absolutamente referencial y onírica, contradictoria (aunque estoy tentado a escribir contradictórica).
Amo más los amaneceres de palabras que los reales. Los de palabras son más cómodos, acomodaticios, puesto que se dejan ver a las horas requeridas y no cuando se le hincha a la apestosa naturaleza.
Lo natural es un mal plan del mundo. Tal es la condición de la memoria.
Lo inmediatamente anterior de los amaneceres, no aplica con las mujeres, porque las mujeres son poesía y así sucesivamente.
3 comentarios:
Es creación, la memoria. Me sorprende cómo la realidad (la mía, la de todos los días) se convierte en hipérbole, en instantes sobrevalorados, para después conjugarse en pretérito.
Por eso algunos tienen el descaro de escribir autobiografías. Creen que su vida puede parecerle interesante a los demás por una sencilla razón: es una vida inventada. Quién sabe si alguien se haya animado alguna vez a contar la verdadera.
(Celebro el nacimiento de este blog.)
Recordé que hubo una vez en que quise dejar de recordarlo, en que invoqué todos los conjuros con tal de no recordar, pesé a mis "intentos" terminé por olvidar. Años después descubrí eso que tú dices, que la memoria es un invento, dura lo que nosotros le permitimos que dure, y complice de la ilusión o desaparición de ésta, es el tiempo , es la prisa, el recuerdo más inmediato, el que me inventé ayer, el viví mañana. No, la memoria no existe, existo yo con mi autor implícito para cada recuerdo.
yo no soy ningun poeta, y mucho menos filosofo su vertiente es muy contraria a la mia que vivo al dia y no tengo tiempo siquiera de recordar, el solo hecho me espanta y no logro comprender siquiera la perdida de tiempo al tratar de escribir su justificacion, sin embargo querido jim te escribo para saludarte y a su vez de una manera mas holgada felicitarte por tu blog, tratare de venir de vez en cuando a leer alguno de tus fragmentos.
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