martes, 25 de agosto de 2009

"Yo no creo que haya nahuales" dijo don Filogonio

Esta entrada corresponde -secretamente- a una escrita en la lejanía virtual.

Los hombres estimamos ser breves cuando no somos poetas, pero hay en la brevedad de este soneto, más de mi apreciación de la extraordinaria mujer que amo y con quien vivo (dicha inimaginable por algún tiempo), y más de mi rutina con ella que brevedad en sí. Confirma esta apreciación que en el poema hay lo que el lector deposita y agradece al autor.

Si a vuestra voluntad yo soy de cera,
y por sol tengo sólo vuestra vista,
la cual a quien no inflama o no conquista
con su mirar, es de sentido fuera;

¿de do viene una cosa, que, si fuera
menos veces de mí probada y vista,
según parece que a razón resista,
a mi sentido mismo no creyera?

Y es que yo soy de lejos inflamado
de vuestra ardiente vista y encendido
tanto, que en vida me sostengo apenas;

mas si de cerca soy acometido
de vuestros ojos, luego siento helado
cuajárseme la sangre por las venas.

1 comentario:

Stereo Soul dijo...

Cierto es que llevamos en la mirada un sello personal y particularísimo, sin embargo, hay en la imagen de las cosas, del paisaje, del prójimo; en el aroma, en la textura del todo que nos rodea y en sus ecos, motivos que modifican el espectro de unos ojos; en otras palabras, esta mirada mía, es otra cuando te miro y me miras, tengo bajo las párpados la mirada que le ofrezco al mundo, y la mirada que consagro y tengo sólo, para el hombre que amo y con quien vivo.