lunes, 25 de mayo de 2009

Sobre la felicidad en una lista.


Fuentes de la felicidad.(Algunas)
Si la felicidad cabe en una botella de güiski no veo por qué no pudiera caber en una lista.

Juro que intenté substraerme a la seducción, pero no he sido nunca un buen prófugo de los placeres.

Ojalá.

Mi lista como el testamento de Colón (Cristóbal, el genovés -propongo ampliamente la lectura reiterada de sus viajes también-), contiene item y no ordinales o cardinales que dicen más que lo que queremos decir:


Item: Dios, cuando hablo de él, con él, desde él, en él, sobre todo las plegarias que alcanzan a constituir género literario, como La Magnífica, o el Ave María.


Item: Vino, comida, maridaje. Lo no convencional de lo más convencional.

Item: Mis lentes de policía ranger gringo -ahora necesito una texana-, me veo guapo en serio, quién iba a pensar que me vería tal pinta (Gracias Bel y Joe son ustedes un acontecimineto que suspende las leyes naturales es decir, un pinche milagro)

Item: Tu falda, tu risa, tu constancia asidua de torturada, tu mirada perdonavidas, tu fragancia púrpura y tu capacidad de inspirar sonetos en la mente torpe pero apresurada, tus ojos redondos que entablan batalla infinita y santa con tus senos amplios, el pliegue de tu boca y tu voz de sabia y tu risa de sandía cuando despiertas en la mañana y tu voz de tierna de amable constancia y tu sombra inquieta que agita mis ganas y tu mano toda y tu oído calmo y tu taladrar de idea en medio del alma, tus órdenes milenarios de rutina, tu capacidad de infinito mientras bailas, tu milagro presuntuoso y legal, que rigiera mis días y mi libertad. Tus imaginarias de blancos vestidos y All the way en lento trascurrir...

Tú, Alma, que sabes que soy una bestia y un hombre con miedo y un temerario y niño y un tonto y un genio y lo rompo todo y todo lo quiebro y a veces zona de desastre, y aún bajo el término de mi soledad genética, te quedas conmigo y provees la fe de las montañas todas que traigo a mis pies. Y encima sonríes y me volteas y me rompes. ¿Puedo siquiera imaginar más felicidad? Cuerpo me hace falta.

Item: Hablar con mi madre. Desde mi concepción a la muerte, el contacto absolutamente humano con mi madre. Es edípico el pedo, y qué?

Item:videojuegos, al fucho con los carnalitos, al Resident a solas a altas horas de la madrugada, a la última hora de video increíble de Final Fantasy IX aunque a los que saben les parezca poca cosa, a las carreras a las peleas y a las burlas, que como íntima afición revelan la amistad verdadera y la natural superioridad de algunos sobre los otros. Son mitología de mi búnker solitario y suceden tan reales, disparo a la cabeza, beso, bomba nuclear.

Item: Taciturnia y Oniria, mis ciudades. Donde perdura y arde todo lo maravilloso que he tenido.

Item: Las palabras. Los atardeceres de palabras, las mujeres de palabras, Desdémona y Lucía, los bigotones cuentacuentos Timoteo detras del espejo. El miedo de palabras, mis vacaciones en la biblioterca digo biblioteca, mis cuadernos de mentirme los paisajes más hermosos y terribles de que soy capaz. Las palabras.

Item: Borges y Elizondo (agregar más que su nombre es abusar estúpidamente de poder hablar)

Item: El norteño y un puerco muerto ardiendo en el cazo en el pueblo blanco que me vio nacer, harta cerveza, compañía precisa y única, querida, ganas de estar.

Item: Los olvidos involuntarios -los únicos reales- de lo que no me acuerdo que saboteara mi felicidad, me hace, naturalmente feliz.

Item:Me hace muy feliz no llamarme Félix, sería como ser un gato mágico inverosímil. Feliz me hace también no ser un hermoso ahogado que se llama Esteban. Amo también no llamarme Carlos o Ernesto (qué lastre llamarte así), finalmente Dios, gracias porque no me llamo Diego ni Jorge, ni Lucas, ni Tomás, ni Juan, ni ningún apóstol, gracias porque me llamo Javier, aunque me dicen El Supi.