miércoles, 27 de mayo de 2009

Y la daga tuvo caprichos de mujer...

En tu primera visita a Taciturnia has de notar que nada aquí es funcional,
que las mujeres duermen sus sueños cansados en el Pincio o en Ostia
y que mientras sueñan los hombres se acercan a mirarlas solas,
el alcalde de Taciturnia
es mi
corazón.
Esta ciudad está llena de escalinatas y nombres,
escalinatas que alegan su derecho de no servir para nada,
escalinatas bellísimas, donde descansan los ojos
cansados de los Inmortales
La ciudad en sus muros rectifica las sombras,
y los muros son aire
y los techos cristal,
y hay al fondo del viento,
detrás del polvo
un sueño de mujeres a la orilla del mar.

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