miércoles, 6 de mayo de 2009

Pepa

Tenía muchos años, demasiados años, como ella sin embargo me figuro que moriré joven.
Era una Perra linda, nada más, una perra linda nada más.
Esta muerte cierra un círculo. Un círculo de costumbre y de olvido y viceversa.


Pensé que no iba a llorar, pero el sopor alcohólico y cierta cuerda que faltaba por romper y que se rompió, después de tanto tiempo, es una pena... Mi madre -sabia como las tortugas de Ende- me leyó como a un libro, se burló primero de mí, pero luego lloró conmigo, y todavía como desde el principio cada cierto tiempo emite sus vaticinios eruditos desde su poltrona suavidad.

En su última profecía dijo que yo debía estar contigo, confieso que cuando lo pensé en realidad ya lo sabía, pero me dio mi profesión habitual -aquella del miedo- y se me antojó imposible.

Vamos a ver quién gana, si Javier Solís y Sinatra y mi madre o si lo hará aquella profesión que empiezo a sentir infrecuente, inhabitual.
Por favor, nunca me regales una perra -sea lo que sea que ello signifique-.

No hay comentarios: