Nada me devuelve con mayor certeza a la cavidad de donde viniera -mejor en tantos sentidos y sin embargo gracias Dios-que la lluvia constante que resuena en el techo de la casa, es un sedante inquieto, recuerda los días de otros días en que mi ilusión era inmune al tiempo, era una ilusión inmortal, invulnerable.
La lluvia de hoy llamó el hueco y la oquedad ya no estaba allí.
¿Qué está pasando en el concilio de los enanos?
Ahora que con la lluvia vuelve la prosa, sólo espero relajarme, relajar el cuerpo, pero el trabajo me llama y no sé decirle que no, ¿cómo encontrar la fuente de mi congoja (quería decir stress pero me dio pena) y sobre todo, en qué pinche botón se detuviera?
La lluvia es un buen comienzo.
1 comentario:
Congoja es una palabra que, en mi cerebro, se aleja de la abstracción y se hermana con cualquier gajo de mandarina.
Quién pudiera encontrar su origen, como tú, mediante la lluvia.
Publicar un comentario