lunes, 29 de junio de 2009

A propósito del psicoanalista que llevo dentro. Con fe.

Es un milagro que la conciencia se haga cargo de lidiar con el mundo mediante procesos de los que nos somos conscientes porque son demasiados y hay un límite epistemológico insalvable y cada vez más constante en ello.
Un milagro es también reconocer que el verdadero problema del hombre es la manera en que resuelve sus problemas. Nadie me ha mostrado explícitamente que significa vivir, y lo que he aprendido de este oficio de todos -y por ello público como la condición generosa del que merca con su carne- son en su mayor parte frustraciones y deseos desorbitados y anclajes sobre afectos imposibles y constancia de poeta en el desmembramiento de la realidad.
Las elecciones que hago sobre el mundo nunca me han dejado satisfecho, soy un afortunado hijo de Dios, el destino y el azar son mis profesiones de fe, mis oficios de dogma terminan por acrecentar la conciencia del desconocimiento y la imposibilidad del conocimiento.
Es un milagro que haya, sin embargo, la posibilidad del pensamiento, que es infinito -quiero creer- cuando se empalma, se articula y concatena con los de otros, sobre todo si esos otros son Borges o Elizondo, o tú.

No hay comentarios: