Mis besos lloverán sobre tu boca oceánica
primero uno a uno como una hilera de gruesas gotas
anchas gotas dulces cuando empieza la lluvia
que revientan como claveles de sombra
luego de pronto todos juntos
hundiéndose en tu gruta marina
chorro de besos sordos entrando hasta tu fondo
perdiéndose como un chorro en el mar
en tu boca oceánica de oleaje caliente...
primero uno a uno como una hilera de gruesas gotas
anchas gotas dulces cuando empieza la lluvia
que revientan como claveles de sombra
luego de pronto todos juntos
hundiéndose en tu gruta marina
chorro de besos sordos entrando hasta tu fondo
perdiéndose como un chorro en el mar
en tu boca oceánica de oleaje caliente...
Tomás Segovia
Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel,
que descendí volcándote hasta sentir tus riñones
como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos
con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en
el pasaje hurtado y prieto que se llegaba al goce de mis labios
mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba
tu pena una última defensa
abandonada.
J. Cortázar
¿Podrá este mar
haber nacido de tu noche?
En el litoral de la tarde
la península respira,
a donde vas
tu noche que es la lámpara
que alumbra este vacío de luz
y esta fortuna de día terrible
de sino ignoto
y bogar de ciego,
lleva el filo ácimo y perlado de la eternidad.
¿Podrá este mar
-universo en expansión-
seguir creciendo?
Dilatado huracán
con que se nombra
cuerpo desnudo revestido silencio.
¿Podrá este mar haber nacido de la sombra de tu andar?
has perdonado al mundo y sigue vivo
y múltiple -Múltiple-
mas no entiendo la ley
con que perdonas
-carro de Apolo que el paisaje nombra-
¿Podrá este mar gestado de mi boca,
ahogar el azar en un beso albo y matinal?
Nace desde tu garganta
y su delta murmura el interior rumor de la metáfora.
Nace desde tu garganta
y murmura y reverbera desde mi más profunda génesis salívica.
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