En la noche rojiza de mi almohada
viaja Sátiro y viaja una Sirena
en un coche tirado por Falena
con su oro y su gusto recostada.
En ingrávida angustia recobrada
en el viaje los ojos se serena
contemplando el origen y colmena,
ya la flauta acercando a la alborada.
Y sus ojos se cierran contemplando
el gran mundo interior que va muriendo,
sus estelas se apagan ya dejando
un sólo mal corregido y corrigiendo:
es la mano común que se ha tendido
entre el mundo que acaba y el dormido.
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